La erupción del volcán Arenal marcó un antes y un después en la historia de Costa Rica. Este 29 de julio se cumplen 58 años de la explosión que destruyó los poblados de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis, dejó más de 80 fallecidos y transformó para siempre el paisaje y la vida de La Fortuna de San Carlos. Hoy, mientras la comunidad recuerda a las víctimas con diversas actividades conmemorativas, científicos destacan que el coloso continúa siendo uno de los laboratorios naturales más importantes para estudiar los volcanes y mejorar la gestión del riesgo.
El día que el «cerro Arenal» despertó
La mañana del 29 de julio de 1968, a las 7:30 a. m., una violenta erupción sorprendió a los habitantes de la zona norte del país.
Hasta entonces, muchos vecinos ni siquiera sabían que se trataba de un volcán activo. Lo conocían simplemente como «el cerro Arenal», una montaña cubierta por densos bosques.
Sin embargo, durante los días previos comenzaron a registrarse señales que anunciaban la tragedia: sismos, fuertes estruendos, grietas en el terreno, incremento de fumarolas e incluso cambios en la temperatura y el sabor del río Tabacón.
Cuando ocurrió la explosión, enormes nubes de gases, cenizas y rocas calientes arrasaron comunidades enteras. La tragedia es considerada la más letal provocada por actividad volcánica en la historia de Costa Rica.
De una tragedia a un laboratorio científico
Tras la erupción de 1968, el Arenal permaneció en actividad durante 42 años, con emisiones constantes de lava, explosiones de ceniza y el crecimiento del actual cráter C.
La actividad magmática disminuyó gradualmente hasta cesar en octubre de 2010, cuando el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori-UNA) confirmó la ausencia de emisiones de dióxido de azufre.
Aunque actualmente el volcán permanece en reposo, los especialistas insisten en que sigue bajo vigilancia permanente.
Según la investigadora y geoquímica del Ovsicori-UNA, María Martínez, el Arenal representa una oportunidad única para comprender cómo evolucionan los volcanes desde una fase eruptiva hasta un estado de calma.
¿Qué estudian hoy los científicos?
El monitoreo permanente del volcán permite analizar diferentes procesos que resultan fundamentales para la prevención de riesgos y la investigación.
Entre ellos destacan:
- La actividad sísmica y la estabilidad de sus laderas.
- Los cambios en las aguas termales y otros fluidos volcánicos.
- La recuperación de los ecosistemas afectados por las erupciones.
- La detección temprana de posibles señales de reactivación.
Los especialistas recuerdan que los volcanes no solo representan una amenaza, sino que también generan suelos fértiles, recursos hídricos, energía geotérmica y un importante desarrollo turístico para las comunidades cercanas.
La Fortuna honra a las víctimas
Mientras la ciencia continúa estudiando el volcán, La Fortuna mantiene viva la memoria de quienes perdieron la vida en 1968.
La Asociación de Desarrollo Integral de La Fortuna (ADIFORT) organiza el Festival Despertar del Arenal, que se desarrolla hasta el 2 de agosto con actividades gratuitas para toda la comunidad.
El programa incluye actos culturales, homenajes, testimonios de sobrevivientes y ceremonias en memoria de las víctimas.
Este 29 de julio, a las 7:30 de la mañana, exactamente a la hora en que ocurrió la erupción, sonarán las sirenas del Cuerpo de Bomberos, la Cruz Roja y la Policía, junto con las campanas de la iglesia y los timbres de los centros educativos. Posteriormente se guardará un minuto de silencio en honor a quienes fallecieron.
También se realizará un desayuno comunitario para más de 400 personas, una ceremonia en el Parque Nacional Volcán Arenal y una vigilia denominada «Luz para el recuerdo» en el cementerio local.
Un volcán que aún enseña
El vulcanólogo Gino González explicó que el Arenal atraviesa actualmente un proceso natural de hundimiento asociado al enfriamiento de su conducto interno.
Aunque el coloso permanece tranquilo desde hace casi 16 años, los especialistas recalcan que el monitoreo científico es permanente para detectar cualquier cambio en su comportamiento.
A 58 años de la tragedia que cambió la historia de La Fortuna, el volcán Arenal continúa siendo símbolo de resiliencia, memoria y uno de los escenarios más valiosos para la investigación vulcanológica en Costa Rica.


