La estrategia nacional diseñada para mitigar los efectos del fenómeno El Niño en Costa Rica durante el periodo 2026-2027 proyecta una caída de hasta el 45% en la producción de sistemas hídricos vitales como Orosi y Tres Ríos. Esta drástica reducción amenaza el suministro regular de agua potable para más de 700.000 personas ubicadas en la Gran Área Metropolitana (GAM).

El plan preventivo, coordinado por la Presidencia de la República y la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) con el apoyo de 19 instituciones, abarca desde junio de 2026 hasta mayo de 2027. Las previsiones responden a un deterioro sostenido de las condiciones climáticas, marcado por sequías meteorológicas que dejaron déficits de lluvia del 37% en el Pacífico Norte y del 20% en el Valle Central entre enero y agosto.

Ante la agudización del déficit hídrico, la CNE mantiene a 23 cantones en alerta naranja y 52 en alerta amarilla.

Abastecimiento de agua y protocolo de racionamientos

El impacto de la sequía ya es tangible en zonas vulnerables. Actualmente, 32 Asadas distribuidas entre Guanacaste, Puntarenas y Alajuela aplican racionamientos que afectan a 6.525 servicios en 74 comunidades.

Para proteger a las 700.000 personas en riesgo dentro de la GAM y resguardar la operatividad de 1.348 Asadas rurales, el plan gubernamental establece acciones directas:

  • Inyección de caudales: Perforación y habilitación de pozos de emergencia en sectores como Guadalupe, W20 y La Florida.
  • Control de pérdidas: Ejecución de un programa intensivo de reparación de fugas en la red de distribución.
  • Racionamiento controlado: Aplicación de cortes programados de servicio cuando el déficit hídrico supere el umbral del 17%.
  • Distribución alternativa: Despliegue de rutas de camiones cisterna para abastecer a los sectores más críticos.

El documento oficial advierte sobre los daños colaterales en las fuentes hídricas: “La amenaza incluye el abatimiento de acuíferos y la intrusión salina en zonas costeras. En periodos de bajo caudal, aumenta la concentración de contaminantes y metales pesados en los ríos, elevando el riesgo de intoxicaciones”.

Presión sobre la generación del sistema eléctrico

La reducción de caudales golpea en paralelo la base del sistema eléctrico nacional: la generación hidroeléctrica. Para compensar la caída en los embalses, las autoridades proyectan un incremento en la generación térmica y la aceleración de contratos de energía renovable no convencional (86 MW solar y 40 MW eólico), sumado a compras en el Mercado Eléctrico Regional.

Aunque el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) activó su Plan de Continuidad del Negocio y descartó racionamientos eléctricos en el corto plazo, el protocolo nacional contempla medidas de contingencia extremas. En caso de desabastecimiento energético, se priorizará el suministro para hospitales, Ebáis, centros educativos y sistemas de bombeo de agua potable.

Para contener el consumo, la estrategia promueve la reducción del uso de electricidad en horas pico, la optimización de sistemas de aire acondicionado y la migración a luminarias LED con telegestión en instituciones públicas, enmarcadas bajo la campaña de concientización nacional “Agua y Energía en Sequía”.

Mientras el Pacífico y el Valle Central enfrentan escenarios de escasez prolongada, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) advierte que el Caribe experimenta el efecto contrario, registrando excesos de lluvia de hasta un 42% en la zona norte, un comportamiento irregular que prolongará la influencia climática de El Niño en el país hasta junio del próximo año.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *