Las enfermedades cardiovasculares se consolidan como la principal causa de muerte en Costa Rica, representando cerca del 30% del total de decesos registrados a nivel nacional y superando la mortalidad asociada al cáncer. La alerta sanitaria fue reiterada por el Ministerio de Salud en el marco de la conmemoración del Día Mundial del Corazón, celebrado cada 29 de setiembre.
La magnitud del impacto se refleja en las estadísticas oficiales. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) detallan que, tan solo durante el 2024, la enfermedad isquémica del corazón provocó 3.262 muertes, equivalente al 10,8% de todas las defunciones registradas en el país durante ese año.
Factores de riesgo silenciosos y señales de alerta
Los especialistas advierten que padecimientos como la hipertensión, el colesterol LDL elevado, la diabetes tipo 2 y la obesidad abdominal aceleran el deterioro cardíaco, a menudo sin presentar manifestaciones tempranas.
Mauricio Obón, especialista del Centro de Excelencia Cardiovascular del Hospital Metropolitano, aclaró que la actividad física por sí sola no exime del riesgo:
“Una persona puede hacer ejercicio con regularidad y aun así tener factores de riesgo cardiovascular que desconoce. Por eso, cuidar el corazón implica prestar atención a lo que ocurre fuera de la rutina de entrenamiento y conocer el propio estado de salud”.
Las autoridades de salud instan a buscar atención médica inmediata ante señales de un posible infarto, las cuales incluyen:
- Dolor o molestia en el centro del pecho.
- Irradiación del dolor hacia los brazos, el hombro izquierdo, la mandíbula o la espalda.
- Dificultad súbita para respirar.
- Náuseas, sudoración fría y palidez.
El impacto de la dieta y los productos ultraprocesados
Los hábitos alimenticios diarios juegan un papel determinante en el incremento silencioso del riesgo cardíaco. El consumo habitual de sodio, azúcares y grasas saturadas, presentes en embutidos, repostería y productos empacados, desplaza la ingesta de fibra natural.
Elizabeth Delgado, nutricionista y vocera del Colegio de Profesionales en Nutrición (CPN), recomendó moderar el consumo de salchichón, sopas instantáneas y salsas preparadas, priorizando alternativas accesibles:
“No necesitamos alimentos costosos o productos especiales para el corazón para comer mejor. En Costa Rica tenemos excelentes opciones y podemos construir una alimentación saludable a partir de alimentos naturales y accesibles”.
La experta sugiere basar la dieta en opciones locales como frijoles, lentejas, garbanzos, avena, frutas, vegetales y semillas.
Tiempo de respuesta y espacios cardioprotegidos
La supervivencia ante un evento cardíaco súbito depende estrictamente del tiempo de respuesta. De acuerdo con la Cámara Costarricense de la Salud, la posibilidad de sobrevivir a un paro cardíaco cae entre un 7% y un 10% por cada minuto que transcurre sin recibir desfibrilación. Si un desfibrilador externo automático (DEA) se aplica en el primer minuto, la supervivencia alcanza hasta un 80%.
A pesar de esta ventana crítica, Costa Rica carece de legislación que obligue a instalar estos equipos en sitios de alta concentración de personas.
Ante este vacío, Massimo Manzi, director ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Salud, urgió a tomar medidas preventivas desde el sector corporativo y público:
“Hacemos un llamado a que las instituciones públicas, las empresas, los centros educativos y las organizaciones de salud sumen esfuerzos y promuevan, cada uno desde su espacio, campañas y acciones concretas para prevenir y atender los accidentes cardiovasculares”.
Como medida de mitigación, la Cámara anunció la apertura de jornadas gratuitas para capacitar a la población en reanimación cardiopulmonar (RCP) y el uso correcto de desfibriladores, sumado a la creación de alianzas con patronos para establecer protocolos de respuesta en espacios laborales.


