Los cambios bruscos de temperatura pueden generar condensación dentro del dispositivo y afectar la batería, los conectores, la pantalla y otros componentes electrónicos.
Cuando las temperaturas aumentan o el celular permanece expuesto al sol durante mucho tiempo, es normal que el dispositivo se caliente. Ante esta situación, algunas personas recurren a un truco que circula en redes sociales: meter el teléfono en la refrigeradora para enfriarlo rápidamente.
Aunque puede parecer una solución lógica, hacerlo no es recomendable y podría terminar causando daños en el dispositivo.
El problema no necesariamente está en que el celular alcance una temperatura baja, sino en someterlo a un cambio de temperatura demasiado rápido.
¿Por qué puede dañarse el celular?
Los teléfonos incorporan baterías de iones de litio y numerosos componentes electrónicos diseñados para funcionar dentro de determinados rangos de temperatura.
Cuando un celular muy caliente se introduce directamente en una refrigeradora, su temperatura disminuye rápidamente.
Este cambio puede provocar condensación, debido a que la humedad presente alrededor o dentro del dispositivo puede transformarse en pequeñas gotas de agua.
La humedad podría alcanzar zonas sensibles como los conectores, la pantalla y los componentes electrónicos internos.
El riesgo también existe cuando se retira el celular de un ambiente muy frío y vuelve a exponerse rápidamente a condiciones más cálidas y húmedas.
Repetir constantemente estos cambios bruscos podría afectar componentes internos y reducir la vida útil del dispositivo.
¿Qué hacer si el celular está demasiado caliente?
En lugar de introducirlo en una refrigeradora o congelador, lo recomendable es permitir que el teléfono reduzca su temperatura gradualmente.
Lo primero es retirarlo del sol o de cualquier fuente directa de calor y colocarlo en un espacio fresco y ventilado.
También puede quitarse temporalmente la funda, ya que esta puede dificultar la disipación del calor.
Si el dispositivo está excesivamente caliente, otra opción es apagarlo durante algunos minutos y dejar de utilizarlo hasta que recupere una temperatura normal.
Durante ese periodo también es conveniente evitar cargarlo, ejecutar videojuegos, utilizar aplicaciones exigentes o realizar otras actividades que puedan aumentar nuevamente su temperatura.
Tampoco es recomendable recurrir a métodos extremos como introducirlo en el congelador o colocarlo directamente sobre hielo.


