El eventual desarrollo de un complejo tecnológico especializado en Inteligencia Artificial (IA) en el cantón central de Limón representa una oportunidad de inversión y empleo para el Caribe costarricense, pero también un severo desafío de sostenibilidad. Según proyecciones basadas en la documentación comercial del proyecto y análisis de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), la infraestructura requeriría alrededor de 350 litros de agua por segundo y demandaría cerca del 15% de la producción de energía eléctrica nacional.

La iniciativa, denominada Quantum AI Free Zone Campus, abarca una propiedad de aproximadamente 42 hectáreas para albergar hasta 200 megavatios (MW) de capacidad instalada distribuidos en siete edificios para entrenamiento de IA, computación de alto rendimiento y procesamiento gráfico (GPU).

Altísima demanda eléctrica y aprobación ambiental

De acuerdo con Esteban Chanto, encargado de la Cátedra de Tecnologías de Información y Comunicación de la UNED, el funcionamiento continuo de los servidores bajo una utilización media del 90% demandaría cerca de 1.892 gigavatios hora anuales. Esta cifra equivale aproximadamente al 14,6% de la demanda eléctrica proyectada en el país para el año 2025.

Por su parte, la alcaldesa de Limón, Ana Matarrita, confirmó que la propuesta se encuentra en etapa de socialización comunitaria y cuenta con viabilidad ambiental otorgada por la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) desde el pasado 8 de septiembre.

Sobre la necesidad de transparencia en un proyecto de esta magnitud, Matarrita destacó:

“Este tipo de proyectos requieren mucha transparencia y mucha comunicación social por la alta demanda que tienen de recursos. Sin embargo, también hay que entender el contexto de lo que significa un proyecto de estos en Costa Rica y lo que significaría en Limón”.

Evaluación del consumo hídrico y resguardo poblacional

El requerimiento de 350 litros de agua por segundo incluiría disponibilidad municipal, pozos propios y plantas de tratamiento orientadas al enfriamiento de equipos informáticos. No obstante, especialistas aclaran que el impacto final dependerá del tipo de tecnología de refrigeración que se implemente en cada fase.

Desde la UNED advierten que cualquier desarrollo industrial de esta escala debe garantizar la seguridad hídrica de los habitantes del cantón previo a su puesta en marcha:

  • Suministro garantizado: El proyecto debe certificar que no afectará el abastecimiento de agua potable de las comunidades vecinas.
  • Fases operativas: Se requiere transparencia sobre el volumen consumido de forma permanente frente a las cargas iniciales.
  • Supervisión técnica: Exigen definir responsabilidades claras para la mitigación del impacto ambiental en la zona.

“La continuidad del servicio de agua para la población debe ser una condición verificable y cualquier desarrollo industrial como este debe demostrar cómo atenderá sus necesidades sin deteriorar el abastecimiento existente”, señaló Chanto.

Tecnologías de enfriamiento ecológicas como alternativa

A pesar de las elevadas estimaciones de consumo, el sector tecnológico dispone de soluciones que evitan el uso continuo de agua mediante sistemas de circuito cerrado. En este tipo de infraestructura, el fluido se carga una sola vez durante la fase de construcción y recircula de forma permanente sin evaporarse, modelo implementado globalmente por multinacionales como Microsoft y Oracle.

En Costa Rica ya existen antecedentes de esta tecnología con el proyecto Palo Negro AI & HPC Campus en Guanacaste, el cual combina enfriamiento de circuito cerrado sin torres de evaporación y autogeneración de energía renovable.

Al respecto, Stellio Bertossi, representante de la iniciativa en Guanacaste, enfatizó la viabilidad de operar sin comprometer los recursos locales:

“Ya no hay que escoger entre inteligencia artificial y agua. La tecnología para no consumirla existe y está operando en varios países, y si uno además genera su propia energía renovable, el proyecto deja de competir con la comunidad por los recursos. Esa es la decisión que tomamos desde el diseño”.

La fase constructiva del campus en Limón está estimada entre dos y cuatro años, periodo en el cual las autoridades y desarrolladores deberán definir los estándares tecnológicos para equilibrar el desarrollo económico con la protección de los recursos naturales del Caribe.

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