En medio de las montañas del territorio indígena cabécar de Chirripó, donde la electricidad no es un lujo sino un desafío diario, un grupo de estudiantes y docentes del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) logró devolver la luz literalmente a una pequeña escuela que llevaba meses sin energía.

Se trata de la escuela San Agustín, ubicada en una zona de difícil acceso en Turrialba, donde la red eléctrica nacional aún no llega y el funcionamiento depende completamente de sistemas solares.

Meses sin electricidad afectaron el aprendizaje

El centro educativo, que atiende a apenas ocho estudiantes, quedó sin electricidad desde octubre del año pasado tras una falla en su sistema de paneles solares, instalado años atrás.

Durante ese tiempo, las limitaciones fueron evidentes:

  • No podían usar computadoras
  • Sin acceso a internet
  • Sin posibilidad de imprimir materiales
  • Clases con recursos muy básicos

Una realidad que refleja las brechas que aún enfrentan muchas comunidades indígenas en el país.

La solución: conocimiento puesto al servicio

Tras una inspección técnica, el equipo del TEC identificó que el problema principal estaba en el controlador de carga, una pieza clave para regular la energía de los paneles solares.

La solución no solo implicó reemplazar este componente, sino también realizar mejoras en la instalación eléctrica, cambiar tomacorrientes y optimizar el sistema general.

Además, lograron reacondicionar parte de las baterías disponibles para que el sistema pudiera volver a funcionar de manera temporal.

Más que electricidad: oportunidades

Con el sistema nuevamente activo, la escuela recupera condiciones básicas para la educación moderna.

Ahora los estudiantes pueden:

  • Acceder a herramientas digitales
  • Utilizar recursos audiovisuales
  • Conectarse a internet
  • Mejorar su proceso de aprendizaje

Un cambio que, aunque parece sencillo, representa una transformación significativa en su día a día.

Un esfuerzo sin financiamiento estatal

El proyecto fue desarrollado sin financiamiento del Estado, gracias al esfuerzo conjunto de estudiantes, docentes, empresas privadas y la misma comunidad, que colaboró con logística, transporte y alimentación.

Incluso, el equipo planea continuar con mejoras y capacitar a la comunidad para que pueda dar mantenimiento al sistema y asegurar su funcionamiento a largo plazo.

Una realidad que se repite en muchas escuelas

Este caso no es aislado. En territorios indígenas como Chirripó, decenas de centros educativos dependen de sistemas solares que, sin mantenimiento adecuado, terminan fallando con el tiempo.

Por eso, iniciativas como esta no solo resuelven un problema puntual, sino que abren la puerta a replicar soluciones en otras comunidades que siguen esperando acceso a servicios básicos.