Nuevos tableros, viejos sueños y un legado que sigue vivo en el corazón del cantón

El sonido del balón rebotando volvió a tener un significado especial en Tilarán. No fue un partido más. Fue historia, memoria y emoción reunidas en un mismo escenario.

Más de tres décadas después, la primera generación de baloncesto del cantón regresó a la cancha para vivir un reencuentro que quedará marcado en la historia deportiva local. El motivo fue tan simbólico como esperanzador: la inauguración de los nuevos tableros eléctricos retráctiles del gimnasio del Liceo Maurilio Alvarado Vargas.

Pero lo que se vivió ese día fue mucho más que tecnología nueva. Fue el regreso de historias, anécdotas, rivalidades deportivas y amistades que el tiempo nunca logró borrar.

El equipo de maxibaloncesto de Liberia fue el invitado especial de este encuentro, que rápidamente dejó de ser solo un partido para convertirse en una celebración del deporte, la identidad y la historia de Tilarán.

Un sueño que hoy es realidad

La instalación de los modernos tableros retráctiles representa un paso histórico para el deporte local. Este proyecto se concretó gracias a la gestión y el esfuerzo conjunto de Javier Sirias, Manrique Espinoza, la Junta Administrativa, así como la articulación con la viceministra del MEP, Sofía Ramírez.

A esto se suma el trabajo técnico de los ingenieros César Montero y César Barrios, quienes hicieron posible que hoy el gimnasio cuente con tecnología moderna que abre nuevas oportunidades para el desarrollo deportivo del cantón.

Hoy, Tilarán no solo celebra una mejora en infraestructura. Celebra crecimiento, visión y el compromiso de quienes creen en el deporte como motor de transformación social.

Un nombre que marcó generaciones: Herzang Cerdas

La jornada también tuvo un momento profundamente emotivo: el reconocimiento al profesor Herzang Cerdas.

Hace más de 30 años, tomó la decisión de formar a una generación completa de jóvenes a través del baloncesto. Pero su legado fue más allá del deporte.

Herzang enseñó disciplina, esfuerzo, respeto y el orgullo de representar los colores amarillo, blanco, rojo y azul de Tilarán en cada cancha.

Hoy, quienes fueron sus estudiantes lo recuerdan con admiración, respeto y un agradecimiento que trasciende el tiempo.

Y como siempre, con la humildad que lo caracteriza, el profesor comparte ese legado con todas las personas que formaron parte del proceso, dejando una huella imborrable en la historia deportiva y humana del cantón.

Más que un partido: una herencia que sigue viva

El encuentro cerró una jornada histórica donde Tilarán celebró el crecimiento del deporte, las nuevas oportunidades y el valor de quienes sembraron las bases del baloncesto local.

Porque el verdadero legado no está solo en los trofeos o los partidos ganados…
Está en las personas que formaron, en los valores que dejaron y en las generaciones que siguen soñando gracias a ellos.

Hoy, Tilarán no solo recordó su historia deportiva.
La volvió a vivir.