Juan José Ramírez Rojas llegó a Costa Rica hace 27 años desde San Jorge, Rivas, con una mochilita, dos pantalones, dos camisas, una estampita de la Virgen y apenas ₡10.000 en el bolsillo. Hoy es jefe de mantenimiento del hotel RIU en Guanacaste, luego de una vida marcada por el trabajo duro y la constancia.
Al llegar al país, un error de ruta lo dejó perdido en Orotina, sin dinero, hasta que una desconocida le regaló ₡2.000 para que pudiera seguir su camino. Luego trabajó ocho años en una bananera en Matina, donde empezó a forjarse como ese migrante que no se raja y que se gana las cosas con esfuerzo.

Con conocimientos en electricidad, se fue a Guanacaste y el destino lo conectó con un ingeniero que trabajaba en la construcción del RIU. Aceptó un puesto en mantenimiento, aunque ganaba menos que en construcción, y decidió demostrar de qué estaba hecho: primero en llegar, último en irse y siempre dispuesto.
Ese compromiso lo llevó a subir de técnico a supervisor y luego a jefe de mantenimiento. Gracias a ese trabajo, hoy tiene casa, carro, sus hijos sacaron el bachillerato y hasta ha podido viajar fuera del país. Juan José lo resume con una frase que lo dice todo: lo poco o mucho que tiene, lo hizo en Costa Rica, con trabajo honrado y sin rendirse nunca.


